Gestionar una crisis admitiendo el problema

Me resulta fascinante el hecho de que los micrófonos puedan quedar abiertos, grabando la voz que plasma el pensamiento realmente importante. Hay dos escenarios en el teatro de la política. Por un lado el escenario oficial, bien decorado y con un telón flamante que muestra la dimensión ideal de los dirigentes políticos, aunque éstos no se la pueden creer. Por otro, un marco bien diferente, el pensamiento real, lo palpable, lo que todo mundo piensa sin ningún atrezzo. En este último los actores políticos del Gobierno no interpretan obra alguna, se muestran tal como son y sus mentes se tornan claras como las aguas litorales mediterráneas. De vez en cuando, este último escenario queda registrado en los micrófonos de las cámaras de los medios, para goce y disfrute de los escépticos, críticos, realistas y adictos de las brewking news que se desplazan horizontalmente en el extremo inferior de la pantalla de televisión.

Soy de los que opino que sí existe un problema, el procedimiento para buscar una solución sólo puede comenzar de una forma: asumiendo el problema. Más allá de identificar la fuente del conflicto, es necesario poner nombres y apellidos a una situación económica gravosa, una crisis disfrazada de desaceleración muy acelerada que reviste los efectos prácticos de una crisis más que considerable partiendo de cualquier manual de economía política. Cierto es, en la predisposición ante el problema es vital para confrontarlo. Si somos pesimistas ya esperamos de antemano el resultado negativo, que puede condicionar método, decisiones y acciones. Esta es la tesis zapatero: “el pesimismo no crea puestos de trabajo”. Yo creo que el optimismo tampoco los crea. Lo que realmente crea puestos de trabajo es una actividad económica dinámica y emergente. Identificando el problema y admitiendolo, se ponen los medios realmente efectivos para solucionarlo.

Es hora de que el gobierno llame a las cosas por su nombre. Se puede esperar lo mejor pero siempre preparándose para lo peor. No me cabe duda de que buena parte de la población española, sin hacer distinción entre su inclinación política, sabe en qué situación nos encontramos, sin que hagan falta calificativos. Todos conocemos de la subida de los precios, tanto de alimentos como de carburantes, de la evaporación del superávit, de la subida del Euribor, de los precios desorbitantes de la vivienda y el complicado acceso a la misma. Todos lo sabemos y no necesitamos el ministro de economía lo llame crisis (que mediando lapsus o no ya lo ha hecho), pero sería un buen ejercicio de responsabilidad y de calidad política por parte del conjunto del Gobierno de esta nación.

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